"Los alumnos de la Escuela de Artes y oficios de Pamplona están en peligro, han presionado el botón rojo diez veces en una hora, lo que significa que es urgente. Solicitan la ayuda de Cristinella y su dragón, dicen estar en grave peligro de aburrimiento, el ogro Patxi los ha sometido a su voluntad, no saben ya que hacer. Acudid en su ayuda en cuanto os sea posible, podría haber graves consecuencias."
Tenía que contárselo a Elion, jamás se había enfrentado a alguien como el ogro Patxi, aún era un aprendiz, pero Chan, la entrenadora personal de Elion me dijo que estaba preparado para ayudarme a combatir el crimen y la injusticia, así que decidí contárselo, pero él se me adelantó:
- Ey Cristi, ¿qué pasa? ¿acaso hay alguien en apuros? ¿puedo ir? ¿me dejarás esta vez? -Había una ilusión irrefrenable que le brillaba en los ojos, tenía ansias por ir, se le notaba en sus facciones.
- Tranquilo chico, no tengas prisa. Sí hay alguien en apuros, y sí puedes acompañarme, pero... -En ese momento le interrumpió Elion.
- ¡GRACIAS! De verdad, esto es súper importante para mí no te defraudaré. -La ilusión se iba expandiendo por todo su rostro, sus ojos gritaban felicidad, su boca reprimía aullidos de alegría, sus piernas temblaban nerviosas de excitación.
- No me des las gracias, todavía no te he dicho mi condición. -Cristinella se mostraba seria e implacable, como si dejarle ir a la misión significase la prueba definitiva para saber si su entrenamiento había concluído o tendría que seguir. Fue la primera vez en mucho tiempo que lo trataba como a un hijo, como a un hermano menor. Con respeto y autoridad hacia él.
- Vale, dime, estoy dispuesto a hacer lo que sea por ir. -No bajaba de su nube, a pesar de la mirada implacable de Cristinella.
- Bien, quiero que hagas todo lo que te diga en todo momento, si digo "fuego" es fuego, si digo que te vayas te vas, ¿entiendes? Absolutamente todo lo que te diga, Elion, ya no eres pequeño, ahora tengo un estatus y unas vidas que proteger, entiendes que ahora formas parte, ¿verdad? No me defraudes. -Y acabó de decir lo que llevaba tanto tiempo queriendo soltar, el momento que ambos ansiaron había llegado.
- Sí, por supuesto, no te defraudaré. -Y es ahí, cuando su cara pasó de alegría a tenacidad y frialdad, de modo que su mirada mostraba que iba a poder con todo lo que le echasen. Elion, no tenía muchas cosas claras, pero por fin, podría demostrar a su fiel compañera, que ya no era un niño. Y sobre todo darle las gracias por todo lo que había hecho por él durante todos estos años.
De modo que salimos rumbo a la Escuela de Artes de Pamplona, y gracias a los polvos que nos dio Chan, pudimos llegar en un momento. Chan, es una persona muy supersticiosa, y en su pueblo siempre se han tenido todo tipo de ungüentos y otros objetos mágicos. Pero en estos tiempos que corren, la gente dejó de creer en ellos, excepto ella. Es solo que ella no los podía usar, sería una vergüenza para su pueblo y su familia, sus padres fueron entrenadores, y jamás se les permitió usar ese tipo de artilugios. Eran para personas destinadas a la magia, elegidos, o en nuestro caso, elegidos y dragones.
Cuando llegamos, descubrimos al Ogro Patxi maltratando a unos pobres chicos, estudiantes del Arte, y vimos a uno en concreto, que nos pareció haber visto antes. Y en efecto, lo conocíamos, era el Hitter.
Por lo que al darnos cuenta de quien era, decidimos atacar con todo:
- ¡Ogro Patxi, deja a nuestros amigos en paz, no pongas tus sucias garras en ellos! -Dijo Cristinella mordaz y enfadada.
- ¡Buahahaha! ¡Niña, soy mayor, soy profesor de esta escuela, y puedo hacer lo que yo quiera! -Dijo el ogro con voz prepotente.
- Ah, con que esas tenemos. ¡FIUFÍ! !Elion chamúscale el pelo a este ogro apestoso! -Silvó a Elion para que fuese en su ayuda.
Elion no solo chamuscó al Ogro Patxi, sino toda la pizarra digital, creí morirme de la vergüenza con mi dragón patoso, pero aún así, la fuerza de dos, es mayor que la de un ogro apestoso. Y así, salvamos al shulo del Hitter volando por toda la ciudad con su camiseta del bigote y de las gafas verdes fluorescentes. Reinó la paz, oímos las voces de los alumnos gritando eufóricas de fondo mientras nos alejábamos, y fuimos a Sangüesa a dejar al Hitter en su casa. Por suerte, todo acabó bien, pero recordadme que le dé alguna que otra clase más a Elion, para que no acabe chamuscando un edificio entero.

No hay comentarios:
Publicar un comentario