domingo, 30 de diciembre de 2012

La madre (Cap 4) - Elion

Cristinella y yo habíamos vuelto de impartir justicia contra El ogro Patxi y la urraca MariLola. Nos encontrábamos en el salón de nuestra gran casa. Adornado con un gran ventanal que daba al mar. En ese momento las cortinas estaban corridas así que había poca luz en la sala. Estábamos tomando un poco de chocolate mientras charlábamos amigablemente. Por algo de lo que hablamos me picó la curiosidad sobre el paradero de su madre

-Oye Cristi, una pregunta. ¿Qué es de tu madre? Nunca la he conocido.
-Pues la verdad es que... murió...-Ella bajó la cabeza, recordando una historia de la que no le gustaba hablar.
-Si no quieres hablar de ello mejor cambiamos de tema...
-No, te mereces saberlo, eres mi compañero de batallas.
-Vale, pues dejo que me lo cuentes.

''Yo era muy pequeña. Era justo la época en la que habíamos salido de la aldea para ir a la ciudad. En un viaje en familia a mi padre se le escapó el coche de las manos. Era un día lluvioso, íbamos por una carretera estrecha por la montaña, con la niebla el camino era casi invisible, mi padre conducía y de repente un coche apareció en dirección contraria y de repente todo se volvió negro. Yo no recuerdo mas, me desperté en mi habitación con un camisón rosa con lacitos y mi padre en el sillón mirando como dormía, me dijo que mi madre estaba en el hospital y que iríamos a verla al día siguiente, que tenía que descansar más. Pero nunca volví a verla de nuevo. Al despertarme de nuevo me levanté y fui a buscar a mi padre para decirle que fuéramos ya a ver a mamá. Al llegar a la puerta de su despacho oí que estaba hablando con alguien y que clamaba ``¡Está muerta, Clare está muerta!´´ En ese momento todo el mundo se me vino encima, sentí como si estuviera sujetando la bóveda celeste sobre mis hombros. Empecé a llorar, allí mismo me desplomé contra el suelo y mi padre salió del despacho y me dijo:
-No quería que te entraras así...
Yo no podía ni hablar, todas mis fuerzas estaban minadas. Desde entonces mi padre ha sido totalmente sobreprotector conmigo''

Me puse al lado de Cristinella y la abracé para que no rompiera a llorar, para que supiera que yo siempre iba a estar ahí.

viernes, 28 de diciembre de 2012

La captura de la Suiza (Cap 3) - Cristinella

Era una mañana magnífica, el sol se colaba en nuestro balcón dejando entrever el sol por las rendijas de las compuertas, la casa estaba muda, todos dormían. Yo me levanté a eso de las once de la mañana, resacosa no podía pegar ojo después de la fiesta del humo. Me apresuré al cuarto de estar con mi habitual camiseta blanca y en bragas. Me asomé entre las cortinas de las ventanas del balcón para ver que ofrecía el paisaje en una mañana tan espléndida como aquella. Suspiré, y me puse a abrir todas las persianas y cortinas de mi amplia casa. Llamé a Roberta, la señora de la limpieza, para que se pusiera cuanto antes a limpiar todo ese caos, pero siempre con una sonrisa. Tenía algo en el estómago que estaba alerta, como si algo fuese a suceder de un momento a otro. Allí estaba Elion con su pelo azabache y una sonrisa que decía "buenos días, me acabo de despertar". He visto tantas y tantas veces esa cara de dormido, como cuando se queda mirando fijo un objeto sumido en sus pensamientos como si nada de lo que estuviera a su alrededor existiera en esos momentos. Así que pensé "no pienso pasar una mañana de vagancia y estar tirados en casa todo el día, ahora soy una guerrera, tengo que enfrentarme a todo, superarme cada día que pasa". Por lo que fui a animar un poco el día:

-Ey Eli, buenos días. -Dije sonriendo como si estuviera cargada de energía.
-Buenos días Cristi. -Dijo con una sonrisa como de pesadez y un cansancio absoluto.
-Hoy tenemos muchas cosas que hacer, así que quita esa cara de dormido, levántate desayuna y vístete que tenemos mucho que hacer. -Cual madre.
-¿Mucho que hacer? Hoy es domingo Cristi. -Puso cara de desesperación, como si supiera de sobra que le iba a obligar a hacer lo que ella quisiera, como siempre.
-Sí, aunque sea domingo sabes que tengo que ir a mi sastre y darle los nuevos diseños que quiero que me haga, ayer fue mi cumple, y sabes que eso significa ropa nueva. -Parecía decepcionada, como si contase de antemano con la ayuda de su dragón rojo, pero este no parecía estar muy por la labor.
-¿Los sastres trabajan los domingos? -Se había despertado con la esperanza de que Cristinella no le pidiera nada hoy, era domingo, y pretendía descansar.
-Es que no son "los sastres" es el "sastre" solo trabaja para nosotros, Eli. Y con todo lo que pagamos tendrá que trabajar cuando queramos, para eso está un sastre personal. -La duda le ofendía.
-A veces se me olvida que tú eres tú, y yo soy yo. -Estaba frustrado, le encantaba su vida, eran maravillosas las fiestas, las aventuras, pero ese día necesitaba descansar.
-Eli, solo será un momento, le doy los diseños y nos vamos.
-Bueno, vale, pero después volvemos y nada de aventuras ni nada parecido. -Dijo con tono de advertencia.
-Vale, venga, cuanto antes te pongas a vestirte antes salimos. -Puso una cara de tremenda felicidad.

Así que fuimos al sastre, pero allí nos esperaba algo que no creíamos que sucedería. Cuando llegamos a casa de François nos abrió una chica encantadora, creo que de mi edad, su rostro me sonaba, y creedme que yo nunca olvido una cara.

-Buenos días, soy Cristinella, ¿está François? -Dijo con una brillante sonrisa.
-Hola, yo soy Elion. -Le dio un apretón de manos a la muchacha.
-Buenos días, sí, es mi padre ahora le llamo. -Se fue a buscarlo enseguida con una sonrisa en la cara, como si ella supiera quien es Cristinella, pero ella no supiera quien era esa muchacha.
-Ahora viene, está terminando mi vestido, que mañana tenemos un bautizo. Pasad al salón de estar.
-Y bueno, no nos has dicho tu nombre. -La curiosidad de Cristinella se mostraba en su rostro a cada palabra que salía de su boca.
-Oh, perdonad, yo soy Gisella, pero me podéis llamar Gigi, aunque mis amigos me llaman "la Suiza".
-Entre tantos nombres no sabría cual elegir, todo depende de si somos para ti amigos o desconocidos.-Empezó a escrutar el rostro de la suiza, como queriendo saber que pasaba por su mente, pero sin éxito.
-Aunque no nos conocemos demasiado, he de decir que para mí sois amigos, vi la salvación del Hitter, salís en las noticias, desde hace años mi padre os hace la ropa, es solo que nunca hemos tenido la ocasión de conocernos personalmente. -Lo dijo como si supiera de lo que hablara, como si ya hubiera meditado esa conversación antes, y le hubiera sido demasiado fácil responder a lo que Cristinella llamaba "una pregunta comprometedora".
-Oh, así que eres tú, ya sabía que me sonaba tu cara de algo, pero nunca había venido a casa de mi sastre, lo que pasa es que es domingo ya sabes.
-Ya teng... -Fue interrumpida por el sastre que entró en la sala.
-Hombre, que agradable sorpresa, Cristinella y su dragón rojo.
-Buenos dí... -De repente sonó un ruido estrepitoso de la cocina, como si unos vándalos hubieran entrado. Abandonaron todos el salón para ir en busca del malechor que armaba tanto jaleo.

A esto que cuando entramos, vimos toda la cocina desordenada, como si alguien supiera que íbamos a estar en esa casa aquella mañana. Había una nota en la encimera que decía "desde los más lejanos amigos, hasta los más íntimos familiares". Me quedé petrificada al ver aquella nota, y cuando quise ir al salón a por mis cosas vi que faltaba algo... Gigi.
Busqué a Elion de inmediato, salimos volando en la dirección en la que había pedazos de cristales, y unas huellas de urraca y ogro. No me lo podía creer, era otra de las fechorías de la urraca MariLola y el ogro Patxi. Llevamos bastante tiempo siguiendo los pasos de esos dos canallas, y sabemos donde se esconden. Por lo que fuimos a su cueva antes incluso de que tuvieran tiempo a llegar a ella. Cinco minutos más tarde, allí estaba nuestra presa, preparada para ser cazada.


La suiza
-Buenos días maestros, ¿qué lección toca hoy? -Le arreó un puñetazo en las partes genitales del ogro, y le cogió del pico a la hurraca para estrellarla contra el suelo.
-Creo que la de "por qué no hay que meterse con luchadores de la justicia". -En los ojos de Elion brillaba el fuego intenso deseoso por salir, lanzó una llamarada por la boca y los calcinó a los dos. De modo que pudieron coger el saco en el que estaba la suiza y desatarla.

Una vez más el bien combatió contra el mal, y ganó la batalla.

domingo, 16 de diciembre de 2012

La fiesta de humo (Cap 2) - Elion

Cristinella y yo os encontrábamos en una playa californiana, viendo el atardecer con unos cuantos amigos mientras nos tomábamos unas cuantas cañas y charlábamos de nuestras cosas. Estabamos esperando a la noche de nuestras vidas, esa noche Cristinella celebraba su 20 cumpleaños. Solo estaban invitados los chicos mas guapos y las chicas con mas glamour que Cristi conocía. Desde donde estabamos se podía ver la casa donde Cristinella y yo vivíamos, tenía un trozo de playa privada, pero no solíamos andar mucho por esos terrenos, nos gustaba mas juntarnos en otros sitios.
Mientras Cristinella se preparaba, llegaba uno de los organizadores de su fiesta con la mejor tarta que nadie podría imaginar. La transportaba en un soporte con ruedas tirado por una bici para que todo el mundo pudiera contemplar la grandiosidad de la obra. Cristinella no quería que su cumpleaños fuera como otro cualquiera, si no quería que fuera un auténtico espectáculo. Entré en su cuarto con el vestido mas rosa y pomposo que cualquiera podría imaginar, perfecto para su figura. Se lo enseñé y se quedó muerta. Cuándo hubo terminado de ponérselo la mejor peluquera de la zona empezó a organizar su preciosa melena. Le hizo medio recogido con unos tirabuzones perfectos colgando por detrás. Hasta la diosa de las mas divas podría tener envidia de Cristinella aquella noche.
Llegó la noche y la fiesta seguía su curso, Cristinella estaba muy feliz por el éxito que había tenido. Er una imagen de bailes sin parar, todo el mundo se restregaba, unos contra otros. La gran tarta quedaba en medio del salón y todo el mundo se restregaba tarta por todos lados. Cristinella bailaba con dos chicos que tenían un aspecto muy delicioso. Se restregaba en medio de los dos, rozaba sus nalgas con el paquete de uno mientras apretaba al otro contra sus despampanantes pechos, que estaban muy al descubierto ya que su vestido no tapaba mucho. El alcohol corría por vena, y la droga se encontraba en cada una de las bebidas  no había nadie que no estuviera alterado o que estuviesen parados. Todo el mundo se restregaba y se lo pasaba en grande. Las máquinas de humo soltaban la esencia de la fiesta, así todo tenía un toque misterioso cubierto de niebla. El humo se metía por todas partes.
Esa misma fiesta era la prueba final para saber si yo, Elion, me hacía el compañero de batallas de Cristinella. Había rivales muy fuertes, pero tenía la confianza en mi mismo ganada, tal y como Chan me había enseñado. La gente se abrió en corro y la batalla comenzó.
''Mi primer contrincante fue un dragón azul, difíciles de vencer, pero no me supuso gran esfuerzo aplicando las técnicas de combate de Chan. Después para mi sorpresa se añadió un felino a la pelea, tenía una faces muy abiertas, se notaba que era joven y fuerte, como los líderes de sus manadas, abrí mi boca, enseñé mis grandes colmillos en señal de contra ataqué y me lancé encima del león. Se revolvía rápido pero lo inmovilicé y clavé mis dientes en su yugular, dejándolo completamente sin vida.
El tercer contrincante no fue tan fácil de vencer. Lo había visto antes competir en gimnasios a los que Chan me llevaba para entrenar y sabía que era un hueso duro de roer. Descendió desde lo alto del salón como entrada y se acercó mucho a mí, rugió en mi propia cara y se apartó. Yo, con cara de estufacción, para que no notase mi miedo le dije:
-Uff chico comprate un colgate sensodine de esos de ahora. Te apesta el aliento.
Entonces, enfurecido, se dio la vuelta y empezó  pegarme. El primer golpe me dolió, pero cuando iba a recibir el segundo alcé el vuelo rápidamente y me coloqué sobre su espalda. Le agarré del cuello e intenté inmovilizarlo, pero fue mas rápido que yo y de un salto hacia atrás se tiró encima mía. Pesaba mucho, rugía de dolor, sentía cada una de sus escamas clavándose en mi abdomen. Conseguí darle un mordisco y se apartó de mí. intenté levantarme, pero no tenía fuerzas suficientes. Después de un terrible grito mi contrincante se abalanzó sobre mi y me dio un gran mordisco en la pata con la que me intenté defender. sufrí mucho, mis fuerzas se agotaron y allí en medio de todos me transformé en humano, tirado en el suelo, se mi desnudo con unos pantalones rasgados por todas partes. Al fondo oía la voz de Cristinella dándome ánimos, levanté la vista y vi algo fumable cayendo al lado de mi. Como pude le di varias caladas y sentí como la droga circulaba por mi sangre, dándome la energía suficiente para volver a transformarme en dragón  vencer al pipiolo ese. Así lo hice,le di un par de ganchos dejándolo en el suelo y después lo dejé sin vida chupando toda su sangre.''

Así es como oficialmente fui el compañero de batallas de Cristinella. Pero la noche no acabó aquí, la bebida seguía corriendo y la música volvió a sonar. Entonces un hombre misterioso con una cabeza de caballo se acercó a Cristinella y empezó a bailar con ella de un modo muy sensual. Esta le intentó quitar la máscara, pero el chico misterioso no le dejó. La chica palpó cada no de sus músculos bien definidos mientras él descubría sus partes mas íntimas al ritmo dela música.
Así pasaron toda la noche, hasta que el hombre le dijo a Cristinella que se tenía que marchar y se fue corriendo. Cristinella despechada le pidió a su sirviente que le diera una vuelta con los colores del amanecer en el carruaje donde se encontraba lo que quedaba dela tarta.

La misión (cap 1) - Cristinella

Ese mismo día, cuando acabé de hablar con Elion mientras me acababa de terminar mi desayuno, recibí un fax de mi "faxoavísame", el que tengo en la terraza. El fax decía así:

"Los alumnos de la Escuela de Artes y oficios de Pamplona están en peligro, han presionado el botón rojo diez veces en una hora, lo que significa que es urgente. Solicitan la ayuda de Cristinella y su dragón, dicen estar en grave peligro de aburrimiento, el ogro Patxi los ha sometido a su voluntad, no saben ya que hacer. Acudid en su ayuda en cuanto os sea posible, podría haber graves consecuencias."

Tenía que contárselo a Elion, jamás se había enfrentado a alguien como el ogro Patxi, aún era un aprendiz, pero Chan, la entrenadora personal de Elion me dijo que estaba preparado para ayudarme a combatir el crimen y la injusticia, así que decidí contárselo, pero él se me adelantó:


- Ey Cristi, ¿qué pasa? ¿acaso hay alguien en apuros? ¿puedo ir? ¿me dejarás esta vez? -Había una ilusión irrefrenable que le brillaba en los ojos, tenía ansias por ir, se le notaba en sus facciones.
- Tranquilo chico, no tengas prisa. Sí hay alguien en apuros, y sí puedes acompañarme, pero... -En ese momento le interrumpió Elion.
- ¡GRACIAS! De verdad, esto es súper importante para mí no te defraudaré. -La ilusión se iba expandiendo por todo su rostro, sus ojos gritaban felicidad, su boca reprimía aullidos de alegría, sus piernas temblaban nerviosas de excitación.
- No me des las gracias, todavía no te he dicho mi condición. -Cristinella se mostraba seria e implacable, como si dejarle ir a la misión significase la prueba definitiva para saber si su entrenamiento había concluído o tendría que seguir. Fue la primera vez en mucho tiempo que lo trataba como a un hijo, como a un hermano menor. Con respeto y autoridad hacia él.
- Vale, dime, estoy dispuesto a hacer lo que sea por ir. -No bajaba de su nube, a pesar de la mirada implacable de Cristinella.
- Bien, quiero que hagas todo lo que te diga en todo momento, si digo "fuego" es fuego, si digo que te vayas te vas, ¿entiendes? Absolutamente todo lo que te diga, Elion, ya no eres pequeño, ahora tengo un estatus y unas vidas que proteger, entiendes que ahora formas parte, ¿verdad? No me defraudes. -Y acabó de decir lo que llevaba tanto tiempo queriendo soltar, el momento que ambos ansiaron había llegado.
- Sí, por supuesto, no te defraudaré. -Y es ahí, cuando su cara pasó de alegría a tenacidad y frialdad, de modo que su mirada mostraba que iba a poder con todo lo que le echasen. Elion, no tenía muchas cosas claras, pero por fin, podría demostrar a su fiel compañera, que ya no era un niño. Y sobre todo darle las gracias por todo lo que había hecho por él durante todos estos años.


De modo que salimos rumbo a la Escuela de Artes de Pamplona, y gracias a los polvos que nos dio Chan, pudimos llegar en un momento. Chan, es una persona muy supersticiosa, y en su pueblo siempre se han tenido todo tipo de ungüentos y otros objetos mágicos. Pero en estos tiempos que corren, la gente dejó de creer en ellos, excepto ella. Es solo que ella no los podía usar, sería una vergüenza para su pueblo y su familia, sus padres fueron entrenadores, y jamás se les permitió usar ese tipo de artilugios. Eran para personas destinadas a la magia, elegidos, o en nuestro caso, elegidos y dragones.
Cuando llegamos, descubrimos al Ogro Patxi maltratando a unos pobres chicos, estudiantes del Arte, y vimos a uno en concreto, que nos pareció haber visto antes. Y en efecto, lo conocíamos, era el Hitter.
Por lo que al darnos cuenta de quien era, decidimos atacar con todo:

- ¡Ogro Patxi, deja a nuestros amigos en paz, no pongas tus sucias garras en ellos! -Dijo Cristinella mordaz y enfadada.

- ¡Buahahaha! ¡Niña, soy mayor, soy profesor de esta escuela, y puedo hacer lo que yo quiera! -Dijo el ogro con voz prepotente.
- Ah, con que esas tenemos. ¡FIUFÍ! !Elion chamúscale el pelo a este ogro apestoso! -Silvó a Elion para que fuese en su ayuda.

Elion no solo chamuscó al Ogro Patxi, sino toda la pizarra digital, creí morirme de la vergüenza con mi dragón patoso, pero aún así, la fuerza de dos, es mayor que la de un ogro apestoso. Y así, salvamos al shulo del Hitter volando por toda la ciudad con su camiseta del bigote y de las gafas verdes fluorescentes. Reinó la paz, oímos las voces de los alumnos gritando eufóricas de fondo mientras nos alejábamos, y fuimos a Sangüesa a dejar al Hitter en su casa. Por suerte, todo acabó bien, pero recordadme que le dé alguna que otra clase más a Elion, para que no acabe chamuscando un edificio entero.

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Prólogo parte II - Elion (dragón)



El sol pegaba directamente en mis ojos colándose entre las rendijas de mi persiana, la luz formaba cuadraditos pequeños en la pared de la habitación, tan limpia e impoluta como siempre. Se oían ruidos tras la puerta del cuarto. Como no podía dormir más me levanté y fui al baño. Miré mis facciones rectas, mis pómulos marcados y abrí mucho los ojos, se veían verdes y de repente se tornaron rojo fuego. Sonreí a mi reflejo en el espejo y me pasé la mano por mi pelo negro azabache, tan brillante que si lo mirabas mucho hacía daño. Bajé a la cocina del duplex donde vivía con Cristinella. Ella estaba allí haciéndose el desayuno, un zumo light y dos tostadas con mermelada de frutas del bosque. Le di los buenos días y me senté a su lado. Le miré y empecé a hacerme preguntas, preguntas que le solté así sin más.
-¿Cómo me conseguiste?
-Elion, no eres un artículo de feria.
-Ya lo sé, me refiero a cómo me encontraste.
-Pues es una historia muy curiosa...
''Estaba cazando con el compañero que mi padre me había asignado para no ir sola. Cazamos un ciervo y nos encontramos un huevo dorado en el suelo, al lado del hocico del animal. Archi salió corriendo a avisar a mi padre y yo me quedé allí esperando. Tenía mucha curiosidad sobre qué ocultaba ese huevo tan brillante y sabía que si mi padre lo encontraba jamás lo sabría. Así que cambié el huevo dorado por uno roto y se la jugué a Archi, haciéndole creer a mi padre que estaba loco. Incubé el huevo durante varios meses, lo intenté de todas las formas posibles, pero no pasaba nada, hasta que un día saliste del huevo y cuando te vi me desmayé.
Cuando volví a la consciencia tenía frente a mí a un bebé llorando. Tenías el mismo color de pelo que tienes ahora, extremadamente negro, y tus ojos no paraban de cambiar de color; verde, rojo, azul, lila... A pesar de que llorabas se te veía totalmente fuerte, se veía que no eras humano.
No podía dejar que nadie te viera, si no me iba a meter en un lío muy grande. Ese día te dejé escondido en mi habitación, cambiaste muchas veces de forma, al menos no montabas escándalo. En un mes habías crecido una barbaridad, eras como un niño de 3 años, te enseñé a hablar y aprendiste a volar por mi habitación, me lo dejabas todo hecho un desastre.
Un día estaba dándome un masaje en mi cuarto y tu estabas encerrado en mi armario, pero estabas resfriado y por desgracia al estornudar sacabas un montón de fuego. Así pasó, quemaste todo mi armario, la masajista, que era oriental, conoció mi secreto, pero me ayudó a criarte y a ti te enseñó a utilizar tus poderes y a controlar todos tus cambios.''
-Recuerdo esos entrenamientos, eran muy duros, todo muy zhen, tuve que aprender a controlar cuerpo y mente "Cuerpore sano mens sana." 
-Es verdad, tenías que estar repitiendo esa frase todo el día, y yo también aprendí ejercicios que me sirvieron de mucho.

Prólogo - Cristinella


En una fría mañana de invierno, los bosques exhalaban bao en sus susurros, gritaba la naturaleza esperando ser salvada, los pájaros alzaban sus cantos matutinos a lo alto de las montañas, la brisa rozaba mi cara de porcelana, me sentía en paz. Hasta que me la destruyó Archi, el cazador personal de mi padre. Por entonces, en el tiempo en el que vivíamos en la aldea, Archi no estaba con nosotros, hasta que mi padre empezó a trabajar desde casa, obtuvo mucho dinero y lo contrató, ya que su trabajo le quitaba demasiado tiempo libre.
Como siempre, supuse que mi padre le había encomendado cazar algo en específico, y en efecto, así fue. Fuimos a por la presa más difícil y peligrosa de matar, un lobo blanco. A mi padre no le gusta comprar en la carnicería como suele hacer la gente de a pié, le gusta tener sus presas frescas para comer. Ahora es un multimillonario muy famoso en su empresa, uno de los accionistas y proveedores mayoritarios. He pasado mi adolescencia con todos los lujos que podría desear una niña de quince años, los días de navidad eran los más dulces para mí, no solo por los regalos, sino porque mi padre se sentaba a descansar, y a pasar un poco de tiempo con su pequeña. Él siempre está fuera de casa, siempre ha estado trabajando muy duro para poder darnos todos los lujos a mí y a mi hermana Mar, esa pequeña de ojos verdes que tanto me chincha, y que tanto la quiero, mi pequeña princesita de ocho años. 
Mi padre, a parte de ser un hombre muy ocupado y aficionado a la caza, me ha enseñado todo lo que sé, defensa personal, a cazar, e incluso a matar. Hemos utilizado siempre las armas más rudimentarias, es decir, las que se utilizaban de tiempos remotos, pero como siempre, con un toque de brillo, como suelo decir yo.
Hace tiempo que dejé de vivir en esa aldea, y empecé a vivir en la ciudad, en Buenos Aires, mi querida Argentina. Viví muchos años en Alaska, y me da miedo pensar que no siempre tuve esta vida, e incluso que mi padre y yo tuvimos que hacer "malos tratos" para poder sobrevivir, aunque he de decir, que jamás he visto un paisaje tan bello.

Esto se remonta al día 9/10/2009 en el que vi algo que me cambió la vida desde entonces hasta ahora. Cuando fuimos a recoger nuestra presa diaria, como hacíamos habitualmente, levantamos al ciervo que habíamos cazado, y para nuestra sorpresa, vimos que justo en el hocico de aquel sorprendente animal, se hallaba un huevo dorado. 
Archi llamó a mi padre urgentemente, y me dejó el huevo en la mano para salir corriendo en su busca. Entonces, cogí un huevo de un águila en la copa del árbol de mi derecha, el cual trepé con mis audaces botas de caza, y lo estrellé contra el suelo en la punta del hocico del ciervo, para que pareciera un accidente. Mi padre pensaría que era una de las chifladuras de su codicioso cazador. Por lo que no habría problema, yo era la niña de sus ojos, sabía que nunca le mentiría. Me guardé el huevo en el bolsillo interior de mi abrigo y me cerré de nuevo mi chaqueta de caza, de cuero marrón. Y en efecto, eso fue lo que pasó:

-A ver Cris, enséñame el huevo.
-¿Qué huevo? ¿El que está en el suelo roto, junto al arce? -Archi no daba crédito de lo que veían sus ojos. Cristinella acabó de soltar la frase con un nudo en la garganta, pero cuando su padre se giraba a mirar el huevo, torcía la sonrisa, en una mueca de victoria. 
-¿Archi, me has hecho venir hasta aquí para ver esto?
-¡Román, te juro que se lo dejé a Cris, era dorado y enorme! ¿No me crees? Hemos trabajado juntos durante años, no sé como puedes pensar que yo te mentiría en algo así. -El joven cazador se mostraba indignado y con una mueca de incredulidad y miradas de desprecio hacia su niñita caprichosa. Sabía que hiciera lo que hiciese jamás le creería y además siempre defendería a su ojito derecho. Que rabia le producía aquella niña a veces.
-Archi, no sé qué te has tomado, pero la verdad creo que deberías descansar un poco, la caza produce mucha adrenalina, y no puedes pensar con claridad en estos momentos. -Dijo Cristinella con un dege de malicia en la voz.
-Sí, es cierto, acuéstate un rato, te sentirás mejor.
-Está bien, como queráis, pero sé bien lo que han visto mis ojos, buenos días. -Se fue indignado hacia sus aposentos, donde le esperaba un buen baso de wisky con hielo, lo necesitaba urgentemente. Por suerte, siempre lo guardaba en su mesilla de noche, así que no le sería difícil.



Al llegar a casa de ese mismo día, escondí el huevo, y sabía de sobra, por lo que me había enseñado mi padre que debería ser incubado inmediatamente para que no muriera el ser vivo, cualquiera que fuera que estaba creciendo en su interior. Jamás había visto algo parecido. Pasé más de dos meses cuidando el huevo, dándole calor con bombillas, de todo, pero no nacía. Hasta que por fin, el 20 de diciembre del 2009 vi asomar un ala roja, después la otra, después una cola larga y escamosa, después las orejas, y después me desmayé porque creí ver un dragón.