viernes, 28 de diciembre de 2012

La captura de la Suiza (Cap 3) - Cristinella

Era una mañana magnífica, el sol se colaba en nuestro balcón dejando entrever el sol por las rendijas de las compuertas, la casa estaba muda, todos dormían. Yo me levanté a eso de las once de la mañana, resacosa no podía pegar ojo después de la fiesta del humo. Me apresuré al cuarto de estar con mi habitual camiseta blanca y en bragas. Me asomé entre las cortinas de las ventanas del balcón para ver que ofrecía el paisaje en una mañana tan espléndida como aquella. Suspiré, y me puse a abrir todas las persianas y cortinas de mi amplia casa. Llamé a Roberta, la señora de la limpieza, para que se pusiera cuanto antes a limpiar todo ese caos, pero siempre con una sonrisa. Tenía algo en el estómago que estaba alerta, como si algo fuese a suceder de un momento a otro. Allí estaba Elion con su pelo azabache y una sonrisa que decía "buenos días, me acabo de despertar". He visto tantas y tantas veces esa cara de dormido, como cuando se queda mirando fijo un objeto sumido en sus pensamientos como si nada de lo que estuviera a su alrededor existiera en esos momentos. Así que pensé "no pienso pasar una mañana de vagancia y estar tirados en casa todo el día, ahora soy una guerrera, tengo que enfrentarme a todo, superarme cada día que pasa". Por lo que fui a animar un poco el día:

-Ey Eli, buenos días. -Dije sonriendo como si estuviera cargada de energía.
-Buenos días Cristi. -Dijo con una sonrisa como de pesadez y un cansancio absoluto.
-Hoy tenemos muchas cosas que hacer, así que quita esa cara de dormido, levántate desayuna y vístete que tenemos mucho que hacer. -Cual madre.
-¿Mucho que hacer? Hoy es domingo Cristi. -Puso cara de desesperación, como si supiera de sobra que le iba a obligar a hacer lo que ella quisiera, como siempre.
-Sí, aunque sea domingo sabes que tengo que ir a mi sastre y darle los nuevos diseños que quiero que me haga, ayer fue mi cumple, y sabes que eso significa ropa nueva. -Parecía decepcionada, como si contase de antemano con la ayuda de su dragón rojo, pero este no parecía estar muy por la labor.
-¿Los sastres trabajan los domingos? -Se había despertado con la esperanza de que Cristinella no le pidiera nada hoy, era domingo, y pretendía descansar.
-Es que no son "los sastres" es el "sastre" solo trabaja para nosotros, Eli. Y con todo lo que pagamos tendrá que trabajar cuando queramos, para eso está un sastre personal. -La duda le ofendía.
-A veces se me olvida que tú eres tú, y yo soy yo. -Estaba frustrado, le encantaba su vida, eran maravillosas las fiestas, las aventuras, pero ese día necesitaba descansar.
-Eli, solo será un momento, le doy los diseños y nos vamos.
-Bueno, vale, pero después volvemos y nada de aventuras ni nada parecido. -Dijo con tono de advertencia.
-Vale, venga, cuanto antes te pongas a vestirte antes salimos. -Puso una cara de tremenda felicidad.

Así que fuimos al sastre, pero allí nos esperaba algo que no creíamos que sucedería. Cuando llegamos a casa de François nos abrió una chica encantadora, creo que de mi edad, su rostro me sonaba, y creedme que yo nunca olvido una cara.

-Buenos días, soy Cristinella, ¿está François? -Dijo con una brillante sonrisa.
-Hola, yo soy Elion. -Le dio un apretón de manos a la muchacha.
-Buenos días, sí, es mi padre ahora le llamo. -Se fue a buscarlo enseguida con una sonrisa en la cara, como si ella supiera quien es Cristinella, pero ella no supiera quien era esa muchacha.
-Ahora viene, está terminando mi vestido, que mañana tenemos un bautizo. Pasad al salón de estar.
-Y bueno, no nos has dicho tu nombre. -La curiosidad de Cristinella se mostraba en su rostro a cada palabra que salía de su boca.
-Oh, perdonad, yo soy Gisella, pero me podéis llamar Gigi, aunque mis amigos me llaman "la Suiza".
-Entre tantos nombres no sabría cual elegir, todo depende de si somos para ti amigos o desconocidos.-Empezó a escrutar el rostro de la suiza, como queriendo saber que pasaba por su mente, pero sin éxito.
-Aunque no nos conocemos demasiado, he de decir que para mí sois amigos, vi la salvación del Hitter, salís en las noticias, desde hace años mi padre os hace la ropa, es solo que nunca hemos tenido la ocasión de conocernos personalmente. -Lo dijo como si supiera de lo que hablara, como si ya hubiera meditado esa conversación antes, y le hubiera sido demasiado fácil responder a lo que Cristinella llamaba "una pregunta comprometedora".
-Oh, así que eres tú, ya sabía que me sonaba tu cara de algo, pero nunca había venido a casa de mi sastre, lo que pasa es que es domingo ya sabes.
-Ya teng... -Fue interrumpida por el sastre que entró en la sala.
-Hombre, que agradable sorpresa, Cristinella y su dragón rojo.
-Buenos dí... -De repente sonó un ruido estrepitoso de la cocina, como si unos vándalos hubieran entrado. Abandonaron todos el salón para ir en busca del malechor que armaba tanto jaleo.

A esto que cuando entramos, vimos toda la cocina desordenada, como si alguien supiera que íbamos a estar en esa casa aquella mañana. Había una nota en la encimera que decía "desde los más lejanos amigos, hasta los más íntimos familiares". Me quedé petrificada al ver aquella nota, y cuando quise ir al salón a por mis cosas vi que faltaba algo... Gigi.
Busqué a Elion de inmediato, salimos volando en la dirección en la que había pedazos de cristales, y unas huellas de urraca y ogro. No me lo podía creer, era otra de las fechorías de la urraca MariLola y el ogro Patxi. Llevamos bastante tiempo siguiendo los pasos de esos dos canallas, y sabemos donde se esconden. Por lo que fuimos a su cueva antes incluso de que tuvieran tiempo a llegar a ella. Cinco minutos más tarde, allí estaba nuestra presa, preparada para ser cazada.


La suiza
-Buenos días maestros, ¿qué lección toca hoy? -Le arreó un puñetazo en las partes genitales del ogro, y le cogió del pico a la hurraca para estrellarla contra el suelo.
-Creo que la de "por qué no hay que meterse con luchadores de la justicia". -En los ojos de Elion brillaba el fuego intenso deseoso por salir, lanzó una llamarada por la boca y los calcinó a los dos. De modo que pudieron coger el saco en el que estaba la suiza y desatarla.

Una vez más el bien combatió contra el mal, y ganó la batalla.

No hay comentarios:

Publicar un comentario