jueves, 17 de enero de 2013

La nota (Cap 7) - Cristinella



Me pasé la noche en vela recopilando pistas, indicios, entre su baúl de los recuerdos. Pero no encontré nada, nada que me dijera quién había sido, nadie a quién asestarle toda mi ira de un golpe. Mi padre me dio otro baúl, lleno de sus trajes de batallas, me contó que ella se los hacía, que a parte de ser una guerrera, era una artista, se pirraba por la moda, y nada le parecía suficientemente bueno si no se lo hacía ella misma. Me quedé fascinada, con la cantidad de vestidos que había con pañuelos que ocultaban su rostro, cada uno diferente, pero todos con un dragón en el lado derecho, donde se situaba el pecho. Era lo más hermoso que había visto en mi vida. Por un momento me trasladaba al pasado, a todos esos momentos que compartí con ella, una historia, risas y mucho mundo. Por suerte, me dejó su diario, donde sólo relataba sus aventuras, a quién cazaba, que objetivo tenía, y tenía pensado leerlo desde principio a fin para descubrir quién lo hizo. Mi padre me dio todas esas cosas a noche para sentenciar que eso era lo único que iba a saber de la palabra "aventuras" y que quería que lo tuviese. Así que, muchas gracias papá, pero haré mi vida como siempre he hecho, a mi manera.

Fui a mi cuarto a prepararme para salir a tomar algo de aire fresco, para irme tal vez a un centro comercial, comer por ahí, distraerme, algo distinto. Era lo que más necesitaba en esos momentos, necesitaba evadirme de la realidad que me aprisionaba. Cuando de repente, al entrar en mi cuarto, veo una nota de color azul claro sobre mi cómoda. Siempre que te dejan una nota, significa que algo malo va a suceder, que alguien se ha ido, o simplemente algo importante que alguien no sabría decirte a la cara. En ese momento, mientras cavilaba sobre si leerla o negarme ante la realidad y escapar de lo que aquella nota quería decirme, entró Elion:

-Buenos días enana, ¿estás mejor? -Sonreía con cariño, como si supiera por todo lo que Cristinella estaba pasando, como si supiera que durante todos estos años ha sido ella la que se ha encargado de él, y que ahora le tocaba hacer a él de adulto.
-Buenos días. Sí, digamos que tenía superado hace mucho lo de la muerte de mi madre, es sólo que papá no me deja salir y además está lo de que es guerrera, pero nada que Cristinella Prado Rojo no pueda superar. -Sonreía con la mejor de sus sonrisas, sabía que no todo iba bien, que su mundo perfecto se desmoronaba por momentos, pero ante todo están los amigos y la familia, no podía dejar que Elion la viera así. No solo tenía que estar bien por él si no también por ella.
-¿Sabes? Admiro esa manera que tienes de superarlo todo, ojalá algún día tenga el coraje que tienes tú para enfrentarme así a la vida. -Se le cristalizaban los ojos, orgulloso de ella, de que fuera así, su ejemplo a seguir desde que era pequeño, no solo porque fue quien le crió, si no porque con el tiempo le ha demostrado que es una gran persona fuera del maquillaje y los zapatos.
-Muchas gracias Eli, yo también estoy orgullosa de todo lo que has conseguido, mírate, eres todo un hombre ya, y parece ayer cuando naciste. -Se mostraba melancólica, al viajar con su mente al pasado y recordar toda la guerra que le dio aquel pequeño dragón, y que hoy es un buen amigo, como un hermano.
-De nada, oye, por cierto, ¿y esa hoja azul?, ¿qué estabas haciendo? -Después de acabar esa pequeña conversación y de pasar ese nudo por su garganta, no quería recordar cosas tristes, no quería que Cristinella estuviera mal, y decidió cambiar de tema para ahorrarse un disgusto.
-Ah, esto. Sí, de hecho no sabía qué iba a hacer con ella, he ido al baño, y cuando he llegado estaba ahí, sobre la cómoda. No tengo ni idea de qué es, pero cuando te dejan una nota no suele ser nada bueno. -Le salían en la frente esas arrugas de preocupación que tanto odiaba, pero que mostraban su miedo a leguas.
-Ya veo, que tienes miedo ¿no? Y pensar que yo estaba orgulloso de ti hace unos minutos... -Quería picarle como hacía siempre que Cristinella no quería enfrentarse a algo, la única manera de hacerlo era hacerle pensar que era un reto.
-Calla, no seas bobo. Cristinella no le tiene miedo ni a la muerte, lo va a tener a una dichosa nota. -Lo dijo mofándose, como si todo el mundo supiera que ella no le teme a nada. Pero por dentro, el miedo reinaba en su alma. Pero debía hacerlo, por él, por Elion, si no, ¿qué ejemplo le iba a dar si le teme a una simple nota?
-Bien, entonces si tan valiente eres, léela y alto y claro, por favor. -Sonreía porque le encantaba picarle, proponerle algo, lo que fuera y que lo hiciese sin pensar.
-Bien, eso haré:
 "Buenos días princesa, ¿qué tal has dormido? Yo genial, soñando con tus   besos, con tu mirada, con tu pelo largo cayéndote por la espalda. ¿Sabes? Eres preciosa. No te pienses que soy un acosador ni nada de eso, te digo que te conozco y me conoces. Y algo me dice, que hoy no tienes nada más importante que quedar conmigo. Entonces, te veo en la playa a las 18:00, ponte guapa, y no me hagas esperar ¿eh? -Alguien que te quiere más de lo que crees-"
-¡Wow! Vaya tela Cristi, te los llevas de calle, y tú que estabas pensando en no leerlo... Vas a ir ¿no? -Estaba feliz, por fin algo que les salía bien en estos días. Pensaba en que Cristinella es muy orgullosa, y jamás queda con alguien sin saber quien es, porque ella siempre ha dado la cara en todos los aspectos, y pretenden que con ella hagan lo mismo. Pero iba a hacer lo que fuera para que acudiera.
-Buf, no sé, dice que no es un acosador, pero quién sabe. ¿Sabes? Creo que sí, voy a ir, así me río un rato, que me hace falta. -Dijo con tono de retintín.

Llegaron las seis de la tarde, estaba nerviosa, porque tal vez era el chico de mis sueños, que venía con flores rojas a conquistarme el corazón. Parecía romántico, y eso me encanta en un chico, la verdad es que ya quedan pocos así por el mundo. Pero por otra parte, si era un acosador no podría hacerme nada, sé defenderme perfectamente, y al quedar en la playa le silbo a mi dragón y acaba con él en un instante. Por otra parte, si no me gusta o cualquier cosa, podré pasar una tarde agradable de alguien que me regalará algo o simplemente para reírme. Y si es una trampa, pues me defiendo. No tengo nada que perder, es más, esta tarde todo está a mi favor. A no ser que no apareciera y me dejara con la intriga. Me dirigí a la playa decidida, mirando cada esquina, cada paso que daba por si podía torcerse. Y vi un chico sentado en la orilla con un papel azul en la mano, entonces supe que era él:

-Buenas tardes, notitas. -Se mofaba del juego de las notas, le parecía tan infantil y tan tierno a la vez.
-Buenas tardes preciosa, ¿ya sabes quién soy? -Sonreía con calma, con cara de serenidad, como si todo estuviera planeado, como si no le tuviera miedo a nada.
-Perdóname pero, la verdad es que no tengo ni idea. -Estaba avergonzada, porque la verdad es que era un chico guapísimo, moreno, con los ojos verdes, y la piel tostada, propia de Argentina.
-Pues que suerte, porque yo desde ese día no he podido olvidarme de ti. -Le miraba a los ojos como quien se pierde en un mar de calma.
-¿Qué día? -Estaba intrigadísima, y encima el chico se hacía el interesante y daba vueltas y vueltas sin decir de qué le conocía, se estaba poniendo nerviosa.
-El día de tu cumpleaños, tu veinte cumpleaños. -Terminó de decir esto, aportando un dato más, como si quería ir diciéndoselo poco a poco para que le tuviera más ganas, a él y a lo que quería decirle.
-Ah, ¿estabas en mi fiesta? Bueno, es que mis fiestas suelen ser un desfase como imagino que ya habrás comprobado. Pero, ¿qué te hace pensar que por estar en mi fiesta voy a saber quién eres?, había miles de personas. -Se mostraba fría e implacable, no iba a dejar que le metiera en su juego de "dime más, más".
-No sé, quizá porque estuviste besándome toda la noche y bailando conmigo y tal, pero bueno, que si quieres me voy y no te molesto. -Se molestó por su indiferencia, le caló en lo más hondo.
-No a ver, tampoco hay que ser así, no me molestas. Y si no quisiera saber quién eres no me habría molestado en venir. Pero yo sé que no eres él, ¿eres el de la cabeza de caballo? ¿Christian? -No daba crédito de lo que oía, había soñado todos los días con él desde ese día, con su cara, con su cuerpo y no podía ser él.
-¿Tan ciega estabas que no te acuerdas ni de mi cara? -Estaba ofendido, y pensar que él había pasado las noches en vela pensando en cuándo iba a volver a verla, en cuándo iba a volver a rozar sus labios con los de esa chica que le robaba el sueño cada noche.
-Mira, la verdad es que ahora mismo no lo sé, esto me ha pillado por sorpresa, y lo siento, pero no te creo. -Se levantó para irse, porque no le veía fin a esa conversación y no quería hacerle sufrir a quien fuera ese chico que parecía que tanto la quería.
-Bueno, como quieras, algún día sabrás que soy yo. Pero antes, te puedo pedir una cosa ¿y te dejo en paz? -Estaba ansioso, no podía esperar.
-Por pedir... -Como diciendo "que remedio...".
-Sólo te pido un beso. He soñado todas estas noches después de la fiesta con ellos, con tu mirada, contigo, siempre eras tú. Sé que te piensas que no me conoces de nada, pero no quiero marcharme sin hacer lo que he venido a hacer, y sin darte esto. -Le dio un ramo de flores rojas, con una nota para que la leyera en casa.
-Está bien, pero sólo uno y me dejas ¿eh? -Se moría por besar a ese extraño que sabía cuáles eran sus flores favoritas, y además era guapísimo, aunque estuviera chiflado.

Nos dimos un beso increíble, con el mar de fondo, las olas chocando contra las rocas, la arena como asiento y manto suave, la brisa rozándonos la cara. Fue un momento de película, jamás me habían dado un beso así, que significase tanto, con tanto sentimiento, tan dulce e intenso y con sabor a "te he echado de menos".

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